domingo, 13 de mayo de 2012

historia- deseos p2


Por supuesto y como no, ahí estaba mi padre, enfadado y a la vez triste. Me dirigí con el hacía el hospital y me dieron el alta el día 28 Diciembre.
Me quedé a vivir con mi padre a ver si me podían admitir en la Universidad por segunda vez. Pero no pude. A si que me apunté a un cursillo de Bellas Artes.
Y pasado un mes cuando bajé al supermercado de la esquina a hacer la compra de la semana, la ví, ví a Blanca, y me acerqué a ella.
-Hola –dije-Blanca, siento lo ocurrido e tu boda, debí entenderte, pasó demasiado tiempo.
-Me alegro que lo entiendas, podría haberte esperado pero me dijeron que no ibas a despertar.
-Lo entiendo.
-Pero toma, mi tarjeta, podremos seguir hablando y quedar algún día.
-Tu… ¿con tarjetas?-reí.
-Sí, sé que no es propio de mí pero…
-Pero tu querido maridito te ha comido el coco ¿no?
-Sí, más o menos-y rió.
La vi otra vez sonreír y no era un sueño de aquellos que soñé durante 7 años. No, era real, y la vi de nuevo después de tanto tiempo. Se me había olvidado su sonrisa aunque la viera grabada en mi mente.
Y sus ojos, esos ojos que cuando te miran parece que el tiempo no existe y que el mundo gira entorno a ti y lo único que puedes hacer, es sonreír. Dios, le tengo al lado y aún así la echo de menos.
-Bueno, me tengo que ir, llámame esta noche-me dijo.
-Adiós, te llamaré.
¡Maldita sea! Soy imbécil, ha sido todo por mi culpa, no debí haber cogido ese coche, íbamos a ir a vivir juntos y lo único que he conseguido es que se vaya a vivir con otro. Nos quedaban tantas cosas por hacer, tantos sueños que cumplir…recuerdo ese día, escribimos nuestros deseos y los escondimos en… ¡CLARO!, los deseos, tengo que ir a por ellos, aún lo recuerdo, ¡lo recuerdo todo! Salí del supermercado y me dirigí al parque, nuestro parque. Bajé las escaleras en dirección a un parking. Mi mente no paraba de repetir: “por favor, que sigan aquí, por favor”. Me agaché y saqué el ladrillo de la pared, y ahí estaba, una caja plateada que en la tapa estaban escritas nuestras iniciales “AB”.
Abrí la caja y ahí estaban nuestros deseos, los comencé a leer, que recuerdos:



NUESTROS DESEOS (30.10.1990)
Deseo casarme con Alejandro en la Iglesia de San Pablo.
Deseo casarme con Blanca en la Iglesia de San Pablo.
Deseo hacer paracaidismo.
Deseo acabar la carrera de Bellas Artes.
3.2.1990
Deseo que despierte.
3.2.1991
Deseo que despierte.

Había muchas hojas, cada año que pasaba cuando yo caí en coma hasta el día 14 de Diciembre de 1997, ella escribía siempre lo mismo: -Deseo que despierte.
Me di cuenta, ella no me olvidó, seguía teniendo esperanza, incluso antes de su boda ella siguió escribiendo y deseando durante 7 años que me despertara, me seguía queriendo, y yo a ella.
No recordaba sus sueños y sé, que queríamos cumplirlos. Ya que en parte fue por mi culpa no haberla cumplido estos deseos, como ella decía: “Más vale tarde que nunca”.
He tardado 7 años en hacerte feliz cumpliendo tus deseos, pero los cumpliré, ya lo verás.
Me senté en las escaleras mirando su letra y me dí cuenta que en algunas de las hojas que escribió que me despertara, había manchones de agua, de sus lágrimas.
Guardé las hojas en la caja y la escondí en “nuestro sitio”.
Pasaron las semanas y acabé el cursillo de Bellas Artes y comencé a dar clases como profesor en la Universidad del CEU.
Y en una tarde aburrida sin saber que hacer, decidí por fin cumplir uno de sus sueños ahora que yo tenía tiempo para ella.
-¿Dígame?
-¿Blanca?
-Sí, soy yo.
-Soy Alex.
-Creo que has tardado en llamar.
-Ya, perdona, tengo una buena explicación.
-Espero que si que sea buena.
-No te arrepentirás. Ven a las afueras de Madrid a las 18:00.
-Vale. Me tengo que ir Alex. Adiós-y colgó.
-Adiós Blanca, te quiero-y colgué.

historia- deseos p1


No  sabía  si    estaba muerto, pero la verdad, no me importaba. Estaba todos los días con ella, con mi amor, con mi propia vida. Recordaba a cada minuto todos los momento que pase junto a ella, tan solo eran recuerdos…pero cada uno de ellos hacia sentirme más vivo que nunca.
Me cansaba ver solo nuestros antiguos recuerdos. Quería ver nuevos momentos vividos junto a ella. Y entonces…me desperté.
Me desperté el 15 de Diciembre por la tarde. Hallé que no estaba en mi cama sino en una camilla conectado a una máquina. No sabía que estaba pasando, no sabía donde estaba, ¡qué demonios haría en aquel sitio! No entendía nada, tenía miedo, miedo de no haber despertado al lado de aquello tan bonito con lo que estuve soñando hará exactamente solo 20 segundos, y ante mi miedo dejé pegar un grito del cual me oyó un señor de mediana edad y entró en la habitación con cara de preocupación y al ver que estaba despierto sin saber yo el porqué, se le iluminó la cara por completo.
-Vaya, por fin se ha despertado ¿eh?- dijo el señor.
-¿Dónd…dónde estoy?-pregunté bastante confuso.
-Pues está usted ahora mismo tumbado en una de las camillas de mi hospital-dijo con una sonrisa como si fuera una buena noticia.
-¿Porqué? ¿Qué…que ha pasado?
-Pues ha dormido profundamente durante 7 años.
-¡¿SIETE AÑOS?!
-Sí, cálmese. Has estado en coma, estará confuso pero tiene que relajarse. Sufrió un accidente de coche. ¿Recuerda algo?
-No, nada.
-¿Y recuerda algo de su vida? Edad, familia, estudios etcétera.
-Sí, me llamo Alejandro Carral, mi madre falleció cuando cumplí los 16, aunque no recuerdo muy bien como era. Sé que estaba en la universidad pero no recuerdo el que estaba estudiando y la edad no la recuerdo.
-Vale. Se llama Alejandro Carral, tiene 27 años y estuvo estudiando Bellas Artes.
-¡Caí en coma con 20 años!-exclamé.
-Sí, es mucho tiempo. Tiene una visita es su padre, ya le hemos avisado que ha despertado.
Salió el médico de la habitación y entró mi padre. Se quedó parado de pronto mirándome durante unos instantes, se frotó los ojos para asegurar que no era un sueño y cuando volvió a abrir los ojos y me vio en la misma posición de confusión, sonrió al creer la propia realidad.
-¡Hijo!-gritó y me abrazo fuerte-¿qué tal? ¿Estás bien?
-Sí, sí, un poco confuso pero ya cada vez voy recordando un poco más de toda mi vida.
-Me alegro mucho hijo.
Pero en ese momento solo era capaz de recordar el único sueño que soñé durante esos 7 largos años, en mi amor…
-Oye… ¿y Blanca?-pregunté un poco más animado que antes.
-Pues verás…te dio como causa perdida, comprende que 7 años es mucho tiempo y bueno ella pues ya sabes las cosas er…
-Papá, ve al grano-le corté-
-Mmmm…se casa mañana en la Iglesia de San Pablo a las 12 de la mañana será la ceremonia.
-¡¿Qué?! ¡¿Se casa?! No, no puede ser no, tengo que ir a verla ahora mismo.
-De eso nada, tienes que estar aquí durante dos semanas más.
-Que no, que tengo que ir a verla.
-¡Alex! No insistas más.
Me tranquilicé y acomodé en la camilla. Quería estar solo y mi padre lo entendía. Pero yo no podía dejar las cosas así, debía ir a ver a Blanca, decirle que ya estoy despierto, hacerle saber que ya vuelvo a estar vivo. Porque para ella, es como si estuviera muerto.
Me levanté a las 11:00 de la mañana y me escapé de hospital. Tenía que ir a la Iglesia.
Yo la quería y sabía que ella a mí también a pesar de tantos años. Porque un amor como el nuestro no se olvida fácilmente. Nuestro amor. Cada momento que vivimos juntos se nos guardaba en nuestra mente, corazón y alma.
Y aún lo recuerdo todo, todos aquellos recuerdos que una vez fueron vividos y todos y cada uno de ellos vividos a su lado… ¡Dios! Tengo que impedir que se case.
Eran ya las 11:30 y logré escaparme. Pero quedaba mucho trayecto todavía. <<Espérame Blanca, espérame>>.
Parecía que no iba a llegar nunca. Eran ya las 12:00 y me quedaba todavía la mitad del camino. No llegaría a tiempo. Y no llegué.
Entré en la Iglesia, ya estaban diciendo los votos. No merecía la pena así que esperé al final de la Iglesia, mirándola. Le tocaba hablar, pero se dio la vuelta para ver a su madre y sentirse más segura, y entonces, me vió. Le dijo algo a su futuro marido, este asintió y ella se acercó a mí corriendo.
-¿Alex?-dijo acariciándome la cara-Dios mío estás vivo, te dí por muerto. ¡Dios mío Alex!-y me abrazó.
-No te cases, yo te quiero-le dije susurrando en la oreja.
-Y yo a ti Alejandro pero han pasado 7 años y eso es mucho tiempo.
-Losé y lo entiendo pero ahora me tienes a mí…otra vez.
-No Alex, no puedo hacerlo, lo siento.
-Blanca, llevo soñando contigo 7 años seguidos, lo único que me ha mantenido con vida ha sido una máquina, y sé que la única razón por la que me he desperté fue gracias a ti, porque soñé contigo todos estos años y tú me dabas fuerzas para seguir adelante.
-Alex, lo siento, yo también te quiero mucho pero…no puedo.
Se iba a ir y la agarré de la mano.
-¡¿No ves que es una señal?! Me he despertado a la víspera de tu boda. Es una señal, es que ¿no lo ves?
Me soltó de la mano.
-No, no lo veo.
Y se dirigió al altar. Vi como le corría por su mejilla una lágrima.
Me quedé mirando su boda. Y cuando iban a salir de allí, me fui yo antes, no soportaba ver aquello, siempre imaginé que yo saldría agarrado de su mano a la puerta de la Iglesia. Pero no fue así.

martes, 17 de abril de 2012

historia amor p11


-¡A las once eh!
-Que sí –sonreí.
Quedé con Alberto y cuando dieron menos cinco fuimos al restaurante. Pasaron diez minutos y veinte y treinta y no venían. Y de pronto llamaron.
-¿Sí?
-Hola, ¿Mónica?
-Eh sí, ¿quién es?
-Soy Juan, soy médico.
-Sí, que pasa.
-Es su hermana y un acompañante.
-¡¿Qué ocurre?!
-Un accidente de coche.
-¿Cómo?

UNA HORA ANTES…
-A las once eh.
-Que sí –sonreí.
Mateo cogió el coche al salir del hotel y fue a recoger a Sara.
Cuando llegó, fueron a tomar algo y discutieron sobre el tema de Mónica.
En cuanto acabaron, a las diez y media, cogieron el coge para ir al restaurante.
Pero mientras Mateo conducía, ellos no sabían que unas calles más arriba, un grupo de adolescentes borrachos, hicieron una apuesta a dos chicos a que no tenían huevos de conducir en sentido contrario a 170 Km/h.
Mientras los chicos aceleraban y veían que no había coches, subieron más la música sin escuchar absolutamente nada.
Y mientras Mateo discutía con Sara, dejaba de mirar la carretera unos segundos para mirarla.
Y entre la música, la velocidad y esos pequeños segundos sin mirar, fueron la causa de su vida.
Cogí el coche con Alberto y fuimos al hospital para identificar al acompañante.
Cuando, el mismo Juan que nos atendió por teléfono me llevó donde estaba el cuerpo.
Entré en la salita llorando, incapaz de ver por el agua de mis ojos, me acerqué a la camilla, el médico comenzó a quitar la sábana del cuerpo despacio para que no me impactara el cuerpo y cuando retiró la sábana completamente, estallé a llorar, le miré bien a la cara, la tenía destrozada.
-¡Él no es! –grité.
-¿No sabe quién es?
-No. Este no era el acompañante.
-Vale, gracias. Siento que haya tenido que ver esto.
-Pero… ¿y mi hermana y el que iba con ella?
-Su hermana está en la UCI y el que iba con ella no sabemos quién era, hay dos chicos, sólo ha muerto uno.
Me llevó a la UCI y ahí estaba mi hermana inconsciente y con el oxígeno y el suero. Dos camillas más allá…Mateo recuperando el sentido e incorporándose un poco, fui corriendo a por él.
-¡MATEO MATEO! –grité.
Me miró confuso.
-¿Estás bien?
-Eh, si eso creo, quien eres.
-Mateo por favor.
-¿Qué? ¿Dónde estoy? ¿Quién eres?
Le empezó a dar un ataque de ansiedad, los médicos fueron corriendo y literalmente me echaron a la sala de espera.
Estaba con Alberto. El abrazándome y yo llorando, cuando le miré, el también lloraba y cuando creíamos que los minutos fueron días, entró el médico.
-¿Mónica?
-Sí –me levanté. Se acercó a mí.
-¿Qué ha ocurrido?, ¿está bien?
-Sí, sí. Escúcheme. Su hermana sólo esta inconsciente y algunas roturas. En cuanto al chico sólo tiene una pérdida de memoria que en unas horas se le pasará aparte de rajas y de más, han tenido mucha suerte.
Por fin volví a respirar bien.
Pasaron sólo unos pocos días y les dieron el alta.
Perdoné a mi hermana por todo lo que hizo, no quería perderla nunca, volvimos a estar como siempre estuvimos una vez tiempo atrás.
Alberto y yo estábamos muy bien juntos, llevábamos cuatro meses juntos y yo después de tanto, tanto tiempo fui feliz y me volví a enamorar. Alberto tenía algo que lo tenía Hugo, era raro, pero eso me encantaba.
Y el día de mi cumpleaños, cuando cumplía 25 años, Alberto me preparó algo.
Cuando entré a casa, había una carta en el suelo.
     Querida Mónica:
Hoy es tu cumpleaños y tienes que pasártelo bien. Pero antes de que te vayas de fiesta…por favor sigue el caminito que hay.
Te quiero,
Alberto.
Seguí un caminito de pétalos que llevaron al salón y encima de la mesa, había una botella de champagne junto a la cena preparada para los dos.
Me quedé mirando la mesa y unos brazos me rodearon por detrás.
-¿Te gusta?
-Me encanta.
Cenamos y al acabar, Alberto se levantó y me trajo un paquete enorme.
Lo abrí. Dentro había fotos nuestras y fotos de Hugo.
-¿Y esto?
-Esto es porque te respeto y sé que le quieres y quiero que le recuerdes aunque estés conmigo, porque sé que también me quieres. Ponlas donde quieras.
Se me cayó una lágrima.
-Gracias de verdad.
-Bueno y ahora, la parte final.
-¿Más?
-Claro.
Sonreí. Sacó una cajita, la abrió.
-Mónica, ¿quieres estar conmigo para siempre?
Unos minutos de silencio incómodo.
-¡Sí! –le abracé.
Esa noche al final, en vez de ir de fiesta, prefería quedarme con mi novio, que digo, con mi futuro marido.
Queríamos casarnos cuanto antes a sí que empezamos a organizar la boda pasada la semana, me daba igual como quedara la boda lo único que quería era por fin ser su mujer y el mi marido, vivir juntos para siempre y demostrar a las demás personas que mi corazón ya lo ocupa alguien gracias al símbolo de nuestro amor, el anillo.
Ya estaba todo organizado, lo teníamos todo. El vestido, el traje, el banquete, la Iglesia, los invitados, la fecha de nuestra unión, todo.
Me faltaba grabar su anillo a sí que fui a la joyería acompañada de mi hermana y le grabé mi nombre y la fecha de la primera vez que empezamos a salir.
Al fin llegó el día de la boda. Invite a todo el mundo, fue preciosa, todo fue perfecto. Y en mi anillo, él había grabado nuestra primera fecha y la palabra “amor”.



-Y luego, ¿qué más paso abuela?
-Pues, tuvimos dos hijos. Tu mamá y tu tío. Y al final, tu abuelo murió por el corazón. Pero incluso después de  haber muerto el, me llenó de felicidad.
-¿Porqué?
-No no, eres muy joven.
-Abuela, tengo 17 años.
-Mmm…está bien.
-¿Porqué te hizo feliz después de morir él?
-Porque encontré una carta en su escritorio que era para mí. Siempre la llevo conmigo, toma, lee.
   Mi queridísima Mónica:
Bueno, sé que mi corazón no va muy bien y en cualquier momento me podré ir.
Esta carta si la estás leyendo es porque me he ido ya de tu lado…
Y como ya me he ido, mereces saber la verdad.
¿Recuerdas aquel niño rubio de ojos azules con 16 años?
¿Recuerdas que era tu vecino y hablábais desde la ventana?
¿Recuerdas la lluvia de estrellas y vuestro primer beso?
¿Recuerdas cuando te fuiste a Madrid y te dijo te quiero?
¿Recuerdas cuando ese niño tuvo que irse a Bilbao y os confesásteis todo?
¿Recuerdas todo eso? ¿La chapita, las estrellas, los besos, las sonrisas, los te quieros…?
Mi amor ese niño, Hugo, era y soy yo. Siempre lo fui.
Tuve que cambiarme de nombre, cambiar de aspecto, cambiar todo. Hacerte creer que estaba muerto. Te hice creer todo eso porque me descubrieron e irían a por ti.
Lo siento, me habría gustado que supieras que Alberto era Hugo.
Te busqué por todas partes y convencí a Mateo para que te llevara a Ibiza y poder así reencontrarnos.
Tú siempre has sido y serás mi único amor.
Yo siempre he sido Hugo, aquel niño que enamoraste hasta después de su muerte.
Te estaré esperando en el cielo y te protegeré desde el.
Mi amor, te quiere,
Hugo.

sábado, 14 de abril de 2012

historia amor p10


Y efectivamente, me estaba volviendo loca.
-Hola –sonrió.
-Hola.
-¿Qué te pasa?
-¿Y a ti qué?
-No sé, llevas aquí una hora tirada.
-¿Y?
-Bueno, pues ya sabes que no me pasa nada.
Se tumbó a mi lado, le miré extrañada.
-¿Qué haces?
-Tumbarme.
-Eso ya, pero porque aquí.
-Porque quiero conocerte.
-Mmmm…porque.
-No sé, me apetece ¿no puedo?
-Como quieras, pero no voy a hablar.
-Da igual, con estar aquí me sirve.
Nos quedamos callados los dos.
Era un chico bastante guapo, castaño con los ojos marrones, alto y me recordaba a Hugo, quizás sólo me recordaba por el hecho de querer olvidarle, no sé.
Mi curiosidad pudo conmigo.
-¿Cómo te llamas?
-Alberto –sonrió -¿y tú?
-Mónica.
-¿Qué te pasa Mónica?
-A ti no te lo voy a contar.
-¿Porqué no?
-No nos conocemos.
-Que más da. Así si me lo cuentas nos conoceremos más. Venga, te escucho.
-Pues…es una larga historia.
-Tengo tiempo.
No es el motivo por el que le conté toda la historia entre Hugo y yo, lo que hizo mi hermana, puede que se lo contara por su mirada que me inspiraba confianza.
Cuando acabé de contarlo todo mis lágrimas volvieron a caer una vez más y para mi asombro, vi como el lloraba un poco.
-¿Porqué lloras?
-Porque me da pena tu historia, es muy triste.
-Te toca.
-El que.
-Contarme “tu historia”.
-¿Mi historia?
-Sí.
Pues a ver…la primera vez que me enamoré yo tenía 16 años. Era una chica increíble, la quería de verdad, habría hecho lo que hiciera falta sólo por tenerla conmigo, pero nunca pude estar con ella. Crecimos, nos distanciamos, perdimos el contacto, lloré por ella, la recuerdo siempre y le doy las gracias porque por ella sé lo que es amar.
-Joder…
-Ya bueno, pero tu historia es mucho peor.
Estuvimos toda la noche hablando. Conseguí dejar a un lado a Hugo y ver sólo a Alberto.
Me acompañó al hotel donde me crucé con Mateo y ni si quiera me miró.
Entré en la habitación del hotel y caí rendida a la cama.
A la mañana siguiente, unos golpes en la puerta me despertaron. Abrí a puerta.
-Hola. ¿Para limpiar la habitación?
-Eh si si, enseguida salgo.
-Muy bien –y sonrió.
Tardé media hora en salir y cuando salí la señora de la limpieza me miró con cara de poco amigos.
-Vaya, por fin –dijo descaradamente.
-Ya bueno, es que yo tenía puesto el cartelito de “no molestar”, pero se ve que eso es una parte de este trabajo que no sabe. Me voy a tomar el Sol, adiós –y le guiñé un ojo.
Vale, sí, me pase con ella, pero no sabía que me pasaba. Hasta con mi mejor amigo discutía y todo por mis palabras.
Fui a la cafetería de enfrente de la playa y por casualidad de la vida, me encontré con Alberto.
-Hola, ¿qué tal? –sonrió.
-Pues bien, ¿tú? –y para mi sorpresa sonreí de verdad después de mucho tiempo.
-Muy bien. Te invito a un café.
-Vale.
Mientras tomaba mi café, le miraba mientras el contemplaba las olas del mar.
No sabía ni como, ni porque, pero sentía exactamente lo mismo que sentí con Hugo al conocerle.
Me inspiraba tanta confianza y no sabía por qué. Y tan embobada me quedé que ni me dí cuenta de que me estaba mirando.
-¿Qué pasa? –rió un poco.
-Eh, nada, estaba pensando.
-En que.
-Nada enserio.
-¿En lo de tu novio?
-No es mi novio, ya tengo que olvidarlo.
-Yo creo que no. Creo que debes recordar cada minuto que pasaste a su lado. ¿Te arrepientes de algo con él?
-No.
-Entonces no hay porque llorar cuando le recuerdes.
Me quedé callada. Una persona que apenas conocía me abrió los ojos.
Lo más raro es que no le conocía pero como si en verdad le conociera de siempre, el me entendía y yo a él.
Estuvimos quedando todos los días y aunque Hugo ocupara todo mi corazón, hice un hueco para Alberto dentro de él.
Mateo y yo llevábamos sin hablar casi un mes hasta que enterré mi orgullo y llamé a su puerta.
-¿Quién es?
-…servicio de habitaciones.
Abrió la puerta y antes de verme dijo:
-Pasa Mónica.
Sonreí un poco y me senté en la cama.
-Mateo, lo siento mucho soy una estúpida, no tuve que haberte dicho todo eso, sé que tú también lo estabas pasando mal y en vez de estar contigo como tú lo hiciste, te dejé tirada, lo siento.
-Mónica. No te preocupes, te entiendo a sí que no pasa nada, olvidemos el tema.
No volvimos a hablar más del tema de Hugo, ya sólo era un recuerdo de un pasado bonito por el que ahora yo sonreía.
Y un día por la tarde quedé con Alberto en la playa, yo me quedé dormida y cuando me desperté, estaba atardeciendo. Nos sentamos en la arena y contemplamos esa mezcla de colores de  naranja, rojo y amarillo, ese atardecer tan bonito hasta que hasta le hice una foto.
Y cuando saqué el móvil para hacerla, Alberto me bajó la mano impidiendo fotografiar aquel atardecer.
-Alberto que quiero recordar siempre este atardecer.
Me giró de espaldas al atardecer, se sentó a mi lado, cogió el móvil.
-Pues recuérdalo con esto para siempre –dijo.
Y mientras se hizo la foto, me besó.
Desde aquel día, Alberto y yo ya teníamos una fechas, 20.8.11.
Quedábamos siempre, yo quería ir despacio. Alberto tenía una forma de ser que recordaba a Hugo, pero sé que nunca sería el.
Una vez que estaba en mi habitación, me llamó Mateo para que bajara.
Le hice caso y a los diez minutos ya estaba.
-¿Qué tal?
-Bien. Viene tu hermana.
-¿Aquí?
-Sí.
-Pfff.
-Mónica el pasado es pasado, ella se arrepiente.
-Ella es una cabrona.
-Lo dices más por Enrique o por Hugo.
Me quedé callada.
-Ya entiendo –dijo.
-Mateo, me da igual si a ti te cae bien quédate con ella, yo paso.
-Sabes perfectamente que no me cae bien, pero viene por ti y voy a ir a recogerla, ven.
-No, no voy.
-Pues voy a por ella y quedamos para cenar.
-Vale, pero voy con Alberto.
-Como quieras.
-¿A qué hora? Porque queda poco para cenar.
-Pues si son las diez…a las once quedamos en el restaurante de enfrente de la playa, el de siempre.
-Vale, ¿vas ya?
-Sí.
-Vale, adiós.
Y mientras él se iba, se giró.
-¡A las once eh!
-Que sí –sonreí.

jueves, 12 de abril de 2012

Historia amor p9


Al fin llamaron a la puerta, me miré una vez más al espejo y fui a abrir la puerta y ahí estaba el, con una camisa y unos vaqueros. Entró y le llevé al salón, los dos nos sentamos en el sofá.
-¿Quieres tomar algo?
-No, gracias.
Nos quedamos en un silencio incómodo, el me miraba y yo miraba al suelo. Hasta que la presión pudo conmigo y rompí aquel silencio.
-Bueno… ¿qué tienes que contarme?
-Ah, sí. Tengo que volver a Bilbao.
-¿Qué? ¿Por qué? Si acabas de llegar.
-Déjame hablar y escúchame.
Me tranquilicé y le escuché.
-Lo que te voy a contar ahora, no lo sabe nadie y espero que continúe así Mónica…sólo quiero que lo sepas tu.
A ver, mi abuelo, fue militar del ejército. Él vivía en Bilbao, fue a la guerra y buscaba a los terroristas y los detenía y los encarcelaba. Más o menos lo que viene siendo el trabajo de un militar ¿no?
Asentí.
-El detuvo a unos cuantos terroristas y ya sabes como son esas personas…los terroristas iban a por mi abuelo o familia de él para matarle, entonces, mi abuelo tuvo que ir a vivir a Madrid. Desde entonces, los terroristas vigilan a ver quién entra en Bilbao. Los primeros años viví bien, pero los terroristas, pasados cuatro años, descubrieron que yo era nieto de Rodrigo Baeste, mi abuelo. Lo pasé muy mal los otros cinco años que estuve allí, siempre iba con guardaespaldas y recibía cartas de amenazas a muerte. Estuve cinco años así, intentando acabar los estudios que al final los terminé.
-¿Y por qué tienes que volver?
-Por mi madre, está enferma.
-Pero si vuelves a Bilbao, ¿te perseguirán?
-Sí.
-¿Y tu madre?
-Mi madre está divorciada con lo cual ya no es familia de mi padre.
-Pero no puedes ir, si vas te matarán.
-Tendré que arriesgarme.
-No vayas por favor.
-¿Porqué?
-Joder, pues porque te van a matar.
-¿Y?
-Como que ¿y?, tu eres tonto, no quiero que te maten.
-¿Porqué?
Ya sabía lo que él quería que le dijera, así que dejé de callarme.
-Porque te quiero.
-Y yo a ti –sonrió –es que somos imbéciles enserio, no sé cómo pero siempre tiene que pasar algo para que impida que estemos juntos.
-Lo sé. Entonces…ahora ¿qué pasará?
-Mejor dejemos así las cosas, yo me voy en tres días.
-¿Cuándo volverás?
-Mónica…será mejor que me olvides por lo que pueda llegar a pasar.
-No, eso no, quiero saber de ti, lo que te pase a ti y a tu madre.
-Será peligroso.
-Como tú bien has dicho, habrá que arriesgarse.
Esos tres días pasaron y vi como cogía el coche con destino a Bilbao y a su propia muerte.
Prometí que le escribiría y eso hice, una carta cada semana.
Pasada la semana, me senté en el escritorio, cogí un papel y comencé a escribir palabras que cada una de ellas me rompía el corazón.
         Querido Hugo:
No paro de pensar en ti. Todo, absolutamente todo, me recuerda a ti, cada momento convertido en un simple recuerdo inolvidable.
Te echo de menos, debería haber aprovechado el tiempo contigo, pero eso ya es demasiado tarde.
Cuéntame que tal allí, ¿cómo está tu madre? ¿Cuándo volverás?
Te quiere,
Mónica.
El tiempo pasaba y no recibí ninguna carta de él, pasaba todos los días pensando en él y todas las noches soñando con él, él era el único pensamiento que tenía.
Pasaron dos meses y yo le seguí escribiendo, pero no tenía contestación alguna. Hasta que al quinto mes, recibí una carta suya.
       Querida Mónica:
Siento la tardanza, ya sabes que esto es muy peligroso y menos mal que no has llamado porque los teléfonos están pinchados y habrían ido a por ti. Mónica, no llames nunca, no me vuelvas a escribir, yo te mandaré noticias mías. De momento estoy con guardaespaldas y recibí una amenaza hace cuatro días. Mi madre sigue bastante mal.
Recuerda que te quiero más que a nada.
Con cariño,
Hugo.
Cuando leí la carta, por una parte me sentí aliviada y por otra nerviosa e impaciente, llena de miedo, de temor por perderle.
Nunca le llamé, nunca le escribí y nunca le contesté a todas las cartas que me escribió durante dos años.
Siempre me decía que estaba bien, que tenía una buena seguridad y que no me preocupara, que siempre se acordaba de mí y que me quería.
Todas las cartas las guardé en la caja metálica que tenía desde los 14 años y estaba llena de Hugo.
Al mes no recibí nada y me pareció muy extraño, aunque decidí no preocuparme y a la semana de ese mes me llegó una carta de él, se me iluminó la cara. Grité de emoción, sonreí, subí corriendo a la cama, me tumbé y comencé a leer.
    Quería Mónica:
Esta carta la escribí el primer día que llegué aquí, pedí a mi madre que si pasaba te la mandara porque si tú estás leyendo esto ahora, significa que ya no estoy aquí, que me han encontrado, significa que no volveré contigo a tu lado, nunca más.
Lo siento Mónica, sé que podríamos haber sido muy felices pero es algo que no va a ser porque en menos de un segundo todo ha acabado.
Te quiero muchísimo, lo único que quiero es que seas feliz.
Te quiero,
Hugo.
Me quedé paralizada, leyendo una y otra vez la carta analizando cada palabra que él había escrito incapaz de creer que como él escribió “en menos de un segundo todo ha acabado”…
El murió y una parte de mí también falleció junto a él. Mi mente se disperso mi corazón dejó de latir con tanta fuerza y mi alma se rompió de manera que ya no sentía nada.
Estuve más o menos dos meses sin salir de casa, dejando que el contestador saltara cuando mi madre y Mateo llamaban.
Cerrándole la puerta de mi vida para impedir que entraran porque si entraban, sentirían el dolor que yo sentía y eso no quería que pasara.
Me costó dos meses más el salir de casa.
Mateo estuvo siempre conmigo, ayudándome, escuchándome, no sé como lo hacía pero me ayudó a asumir la muerte de Hugo llevándome de vacaciones a Ibiza a “buscar el amor”.
En cuanto llegamos al hotel y nos dieron las llaves de las habitaciones, instalé mi ropa en el armario para tres meses y vi un poco la televisión para descansar, pero mi cansancio me venció y caí en un sueño del que Mateo me despertó a las diez de la noche llamando a puerta.
Me levanté con el pelo alborotado y las legañas en los ojos, abrí la puerta.
-¡Mónica!
-¿Qué pasa?
-Pues que te prepares que nos vamos.
-¿Adónde?
-A una fiesta en la playa.
-Pero si acabamos de llegar, estoy reventada.
-¡Qué más da! Correr vístete, te espero abajo.
-Vale vale.
Me duché para despertarme, me vestí y me arreglé.
Pasada una hora bajé a recepción y ahí estaba Mateo, esperándome impaciente.
-Ya era hora.
-Bueno eh que me acabo de despertar, encima de que estoy reventada.
-Ahora te animaras, vamos.
Fuimos caminando hacia la playa, había muchísima gente, toda la playa llena. Cada persona con su bebida emborrachándose, bailando, gritando, haciendo el imbécil y para los que ya habían encontrado su amor de una noche, apartados de todo el mundo para tener un poco de intimidad.
Creí que había olvidado del todo a Hugo, pero no sé porque, al llegar allí, le volví a recordar y me vine abajo. Me senté en la arena y Mateo trajo dos bebidas, cogí el vaso y lo dejé en la orilla.
-¿Qué te pasa?
-Nada.
-Mónica…por favor no vuelvas a caer.
-Y si vuelvo a caer que pasa.
-Que estarás mal y no quiero verte mal y sabes que él tampoco.
-No puedo evitarlo. Que tu ya le hayas olvidados no es mi problemas –grité.
Me miró con los ojos llorosos.
-Mónica…él era y será como un hermano para mí, yo nunca podré olvidarle.
-Vale, y él era el amor de mi vida.
-¿Estás intentando competir con lo que yo siento?
-Es posible.
-Me parece increíble Mónica lo que estás diciendo.
-Muy bien, tú no sabes todo lo que he llorado por él.
-Tú tampoco sabes lo que yo he llorado.
Y se marchó. En ese momento me sentí como una mierda, una gilipollas que creía que solo yo lloré por él, que solo yo estuve mal por él, sólo yo, yo y yo. No me di cuenta de lo mal que lo pasó Mateo.
Me tumbé y me quedé mirando al cielo por si él me veía en alguna parte.
Ante mi concentración intentando buscar la mirada de Hugo por alguna estrella, una voz me sobresaltó. Lo más raro es que esa voz me era familiar, la misma voz que escuché mil veces bajo mi ventana, por teléfono, la misma voz de Hugo. Me giré para comprobar si me estaba volviendo loca o no.